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EL 11 DE SEPTIEMBRE DE LA DIPLOMACIA

Marzo 28th, 2011 inesrevuelta 1 comment

Para escribir este artículo de blog he seguido las noticias de la prensa y los informativos. Al mismo tiempo he consultado el dossier facilitado por los coordinadores del módulo 6 para profundizar en la materia.

Así calificó Franco Frattini [1], Ministro de Asuntos Exteriores italiano, el pasado 28 de noviembre de 2010, los casi 250.000 cables que Wikileaks hizo públicos en su última filtración. Estas revelaciones afectan especialmente a los diplomáticos de todo el mundo, ya que han salido a la luz sus informes y opiniones, que deberían haber permanecido en secreto, y que tratan con dureza a sus homólogos o muestran los miedos de los Estados a los que representan; además de haber puesto en conocimiento público que Hillary Clinton ordenó a los diplomáticos estadounidenses que espiaran los movimientos de miembros de la ONU, entre ellos el Secretario General, Ban Ki-moon[2]. Los atentados del 11 de septiembre de 2001 plantearon la necesidad de cambiar el orden mundial. ¿Podrían las revelaciones de Wikileaks suponer lo mismo? ¿Cambiarán las formas de la diplomacia tradicional, establecidas desde hace años?

Wikileaks es una organización mediática sin ánimo de lucro, creada en 2006 por Julian Assange, que comenzó a funcionar en 2007. Esta organización publica en su web documentos políticos, éticos o históricos, que han sido filtrados y que tienen interés público, sin desvelar la identidad de las fuentes. Los últimos 250.000 cables publicados proceden de SIPRnet (la Red de Protocolo de Encaminamiento por Internet Secreta), una red que fue diseñada por los militares norteamericanos para distribuir de manera secreta información confidencial entre los funcionarios estadounidenses que se hallaban diseminados por todo el mundo. A esta red tienen acceso más de dos millones de personas, siendo imposible calcular el número exacto de personas que tienen acceso. Internet ha sido el medio que ha hecho posible tal distribución de información, ya que su arquitectura facilita la circulación de información de forma rápida e imparable.

La diplomacia nace en la Grecia Clásica, aunque la práctica moderna germina en las ciudades-Estado del Renacimiento, como los Estados de Milán y Toscana. Berrigela define como la conducción de las relaciones internacionales por negociación, más que por la fuerza, la propaganda, o el recurso del derecho, y por otros medios pacíficos – cómo recabar información o generar buena voluntad- que están directa o indirectamente diseñados para promover la negociación. Una actividad esencialmente política y una institución del sistema internacional [3]. La tarea tradicional de los diplomáticos es conocer a fondo el país en el que sirven (para ello deben entablar relaciones a todos los niveles, para obtener cuanta mayor información sea posible), para diseñar la política exterior de su país con respecto al país de destino. Actualmente, Internet ha conseguido que las distancias se acorten y que las comunicaciones sean más rápidas, por lo que ha disminuido el poder de la diplomacia, que ahora debe seguir los dictámenes de su gobierno, con menor capacidad de movimiento.

Vivimos en la sociedad de la información, en un época en la que tenemos acceso a más conocimiento del que podemos adquirir. Este fenómeno va intrínsecamente ligado a la tecnología de la información y la comunicación. Según Kofi Annan, antiguo Secretario General de Naciones Unidas, “las tecnologías de la información y la comunicación no son ninguna panacea ni fórmula mágica, pero pueden mejorar la vida de todos los habitantes del planeta. Se disponen de herramientas para llegar a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, de instrumentos que harán avanzar la causa de la libertad y la democracia, y de los medios necesarios para propagar los conocimientos y facilitar la comprensión mutua”[4]. Sin embargo, no todos son ventajas como hace ver Kofi Annan, la seguridad se plantea como un tema importante, ya que parece ser que las filtraciones de Wikileaks las hizo un cabo de 22 años que copió en un CD toda esa información. [5]

Wikileaks ha puesto de manifiesto una vez más algo que ya sabíamos, Internet es la forma más rápida de transmitir información pero, a la vez, una de las más inseguras. Por otro lado, los diplomáticos han sido durante siglos el único contacto que los gobiernos centrales tenían con los países en los que estos estaban destinados. Con la utilización de Internet, las posibilidades de comunicación entre gobiernos, sin intermediarios, han crecido, por ello puede afirmarse que la función de la diplomacia está en declive; sin embargo, su uso deshumaniza las relaciones interpersonales.

Puede que la clave del mantenimiento de esta institución sea la actualización de los diplomáticos en el uso de las nuevas tecnologías, pero trabajando en la seguridad de las mismas y manteniendo el contacto con las gente de su destino, pues, por muchos datos que Internet transmita, el “trabajo de campo” sigue siendo vital. EEUU ha creado una oficina de eDiplomacy[6], y los embajadores Craig Murray y Alan Goulty[7], denunciaron violaciones de derechos humanos en sus respectivos destinos (Uzbekistan y Tunez) mediante blogs. Puede que esta sea la forma de hacer sobrevivir la diplomacia, tras las revelaciones de Wikileaks. Los diplomáticos pueden denunciar la realización de ciertas prácticas en sus destinos, haciendo Wikileaks innecesario.

Por lo que respecta a la violación de la seguridad de los sistemas de la inteligencia norteamericanos, se plantea una duda: ¿hasta que punto, que los ciudadanos conozcamos todo lo que negocian nuestros gobiernos es útil para ellos? Wikileaks ha puesto en conocimiento de todos puntos de la política exterior de EEUU o reacciones de líderes mundiales que se sospechaban, aunque no se conocían con certeza. Si en una de esas revelaciones, aparecieran datos que afectaran directamente a alguien, datos que realmente pusieran en entredicho aquella información que los ciudadanos tenemos, revelados por diplomáticos, ¿cuáles serían sus consecuencias?


[1] “Wikileaks pone los secretos de la diplomacia de Estados Unidos al descubierto,” http://www.lavanguardia.es/internacional/noticias/20101128/54075940504/wikileaks-pone-los-secretos-de-la-diplomacia-de-estados-unidos-al-descubierto.html.

[2] La CIA fue la encargada de elaborar la lista de seguimientos en la ONU. europapress.es,” http://www.europapress.es/internacional/noticia-cia-fue-encargada-elaborar-lista-seguimientos-onu-20101203074631.html.

[3] “Diplomacia - Wikipedia, la enciclopedia libre,” http://es.wikipedia.org/wiki/Diplomacia.

[4] Kofi Annan, Secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, discurso inaugural de la primera fase de la WSIS, Ginebra 2003

[5] “La diplomacia de EE UU al desnudo - Levante-EMV,” http://www.levante-emv.com/internacional/2010/12/05/diplomacia-ee-uu-desnudo/763069.html.

[6] “Office of eDiplomacy,” http://www.state.gov/m/irm/ediplomacy/.

[7] “Poder 360° - La Diplopedia: Internet y las nuevas formas de la diplomacia mundial,” http://www.poder360.com/article_detail.php?id_article=4376.

Wikileaks y la libertad de expresión

Marzo 23rd, 2011 kasper 3 comments

Wikileaks y la libertad de expresión

Para la realización de este post he leído una serie de artículos en la red para ayudarme a hacer una síntesis y formular una valoración sobre uno de los temas que más me han llamado la atención en los debates sobre Wikileaks: ¿La defensa de Wikileaks es una reivindicación del derecho a la libertad de expresión? o inversamente ¿La condena de Wikileaks implica una limitación de dicho derecho?

Wikileaks, una organización internacional que publica en su sitio web informaciones anónimas y filtraciones sensibles, especialmente de carácter gubernamental, alberga ya más de un millón de documentos en su base de datos. La página lleva funcionando desde 2007 aunque ha sido en el año 2010 cuando ha cobrado una repercusión mundial, después de filtrar decenas de miles de documentos sobre la guerra en Afganistán, la contienda en Irak, y más recientemente, más de un cuarto de millón de cables o comunicaciones entre el Departamento de Estado estadounidense con sus embajadas por todo el mundo.

Parece evidente que la naturaleza del contenido notablemente dispar de los documentos no permite hablar de una manera “general” de su trascendencia o consecuencias, ya que en éstos cabe diferenciar, al menos, dos tipos: los detalles referidos a grandes campañas bélicas (Afganistán e Irak) por un lado, y los “conflictos” diplomáticos por otro(algunos de los cuales cobran una dimensión más bien anecdótica, especialmente las referidas a España). Así, la importancia de estas comunicaciones parece a veces residir en el hecho de que resultan sobre todo “incómodas”, o “embarazosas”, ya que ponen en evidencia algunas prácticas de las embajadas y el Departamento de Estado estadounidense que destacan sobre todo arrogancia y falta de ética (lo cual no excluye una mayor repercusión que puede afectar a las relaciones con países como Irán, Pakistán, Afganistán con los que existe una conflictividad más profunda y que puede llevar a un empeoramiento de problemas existentes o latentes y una posible confusión de dosieres).

Hillary Clinton tachó la filtración de “ataque a la comunidad internacional”, lo cual sólo es cierto parcialmente: los telegramas y documentos (de carácter no secreto, confidencial y secreto), afectan a un gran número de países (aunque inciden especialmente en asuntos relacionados con Irán, Pakistán, Afganistán, Turquía y Rusia) pero lo que está claro es que el principal país “perjudicado” es Estados Unidos, cuyos funcionarios son los autores de los mensajes, bien a través de una de sus embajadas, bien a través de la Administración con sede en Washington. Las declaraciones del fiscal general de Estados Unidos, Eric Holder, son significativas:

“Por supuesto, Holder ha insistido en la condena de la filtración y ha recordado la tesis de que la seguridad nacional y las personas que sirven como diplomáticos han sido puestas en peligro. <Y lo que es más importante, pone en peligro nuestra relación con importantes aliados en el mundo>”. (Alandete, El País, 2011)

Lo único indiscutible es la última afirmación, aunque ello no necesariamente suponga un peligro para la “comunidad internacional”, en la que se escuda Clinton. Sin embargo, otras personas se han hecho eco de condenas de esta índole. Así, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia, Bernard Valéro, considera que la revelación de estas informaciones constituye “un atentado contra la soberanía de los Estados” a lo que el portavoz del Gobierno francés, François Baroin, añadió: “Siempre he pensado que una sociedad totalmente transparente es una sociedad totalitaria”. (Jiménez, El país, 2010)

Cabe inferir de lo anteriormente expuesto que otros muchos Estados y organizaciones se pueden ver también obligados a tomar medidas de protección después de las filtraciones, y que Cablegate está obligando a un replanteamiento de los métodos de comunicación que los estados tienen establecidos para sus canales diplomáticos y militares. Los llamados “secretos de estado”, protectores de la “seguridad nacional”, son a todas luces la actividad gubernamental menos transparente. Donde empieza la “seguridad nacional”, algunos derechos y libertades son recortados sin miramientos.

WikiLeaks, en ese sentido, puede representar a los intereses de la responsabilidad pública e iniciar una nueva forma de periodismo más “horizontal”, desmontando unas estructuras del poder ejercido cínicamente y de espaldas a una transparencia de cara a la opinión pública.

No obstante, la libertad de información (y de expresión, si se quiere) no debe ejercerse de manera indiscriminada, ya que debe tener en cuenta, en última instancia, otros derechos cívicos primordiales como puede ser el derecho a la vida. Algunas informaciones deben tratarse con cierta precaución a la hora de su difusión, ya que pueden poner en peligro la vida de ciertas personas involucradas en las mismas. Evidentemente no es el caso de las filtraciones diplomáticas donde se tacha a tal mandatario de “autoritario” o a tal otro de “felino”, afirmaciones que afectan a las relaciones internacionales, pero en ningún caso a la seguridad del estado. Al mismo tiempo, tampoco es legítimo que los estados se acojan a conceptos de seguridad nacional para justificar la ocultación de indicios de participación en abusos contra los derechos humanos u otras formas de conducta indebida.

En definitiva, por un lado es el estado al que corresponde demostrar que toda restricción que imponga es necesaria y proporcionada (para la seguridad de personas o la seguridad nacional, siempre dentro de la legalidad que otorga el derecho internacional) y por otro lado les incumbe a los profesionales de la información aplicar el rigor a la vez que la ética a la hora de diferenciar entre los diferentes tipos de documentos filtrados. En ningún caso, cabe censurar totalmente a Wikileaks prohibiendo su acceso y eliminando de Internet su existencia- cosa por otro lado imposible y que levanta sospechas acerca de la legitimidad del secretismo estatal.

Kasper Grundlehner

Alandete, David (2010), Clinton: “Esta revelación es un ataque contra la comunidad internacional”, en: El País [en línea] [fecha de consulta 22 de marzo de 2011] http://www.elpais.com/articulo/internacional/Clinton/revelacion/ataque/comunidad/internacional/elpepuint/20101129elpepuint_18/Tes

Jiménez Barca, Antonio (2010), Un atentado contra la soberanía de los estados, en: El País [en línea] [fecha de consulta 22 de marzo de 2011] http://www.elpais.com/articulo/internacional/atentado/soberania/Estados/elpepuint/20101129elpepuint_11/Tes