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Wikileaks - Impactos, legalidad y motivaciones

Marzo 28th, 2011 jesusjurado No comments

Como algunos de los compañeros han comentado, el affaire Wikileaks supone ante todo un mar de dudas y cuestiones sin resolver. La primera de ellas se refiere al impacto que los contenidos de Wikileaks pueden tener sobre la sociedad, sea en forma de reacciones ciudadanas, de revoluciones académicas en el estudio de las Relaciones Internacionales, o de los conflictos que podrían desatar en el plano internacional. La segunda es relativa a la legalidad y/o moralidad de la publicación de tales contenidos –no voy a entrar a comentar los líos legales de otra índole en los que se encuentra metido el señor Assange. En tercer lugar tendríamos que considerar las motivaciones y la estrategia del equipo de Wikileaks en su proyecto de divulgación de materiales confidenciales.

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Comencemos con el impacto de los contenidos. Para empezar hay que decir que Wikileaks no ha descubierto América. Los informes publicados sobre las guerras de Irak y Afganistán confirmaban y completaban lo que ya se conocía: la comisión de crímenes de guerra por parte de las fuerzas armadas de EE UU. La mayoría de los cables diplomáticos publicados poco después –o al menos aquellos que fueron resaltados por los medios designados para publicarlos- tampoco sorprendían a los lectores informados sobre la actualidad internacional: que si los más dispuestos a atacar Irán son sus vecinos árabes del Golfo, que si Berlusconi tiene fuertes lazos con la plutocracia rusa, que si los regímenes norteafricanos son/eran corruptos, que si la OTAN tiene planes defensivos para el Báltico en caso de agresión rusa… Por no hablar de los simples chismorreos de recepción diplomática que se dedicaron a destacar los egregios periodistas de El País, New York Times, Le Monde, etc. A nivel académico, por tanto, y a pesar del entusiasmo de algunos –incluido el propio Assange, quien afirmó que abriría una nueva etapa en los estudios geopolíticos- creo que Wikileaks no supone ninguna revolución. Es cierto que facilita el acceso a una nueva fuente primaria de información, pero en mi opinión constituye apenas un cambio cuantitativo, y no cualitativo, en el estudio de las Relaciones Internacionales. Esto no quiere decir que en un futuro no pueda serlo, si las revelaciones de Wikileaks aumentan de rango –hasta ahora sólo se ha publicado material clasificado como confidencial y secreto, pero no como alto secreto, como se explica en este artículo.

¿Y cómo se ha tomado la ciudadanía los “nuevos” datos? En Europa, y como viene siendo habitual, ninguna reacción a destacar, principalmente porque nuestros sistemas políticos se encuentran ya tan desacreditados que es difícil que algo nos llegue a ofender. En cualquier caso las revelaciones eran de escasa enjundia. Pero se afirmó que habían influido mucho sobre las rebeliones de Túnez y Egipto. Sinceramente, creo que se confundió simultaneidad con causalidad. Influiría, por supuesto, pero la corrupción en esos países se percibía en el día a día y no era necesario leerlo en el periódico para darse cuenta. Evidentemente tampoco tuvo efectos positivos para la imagen pública de los dictadores. Pero me temo que pesaría mucho más el impacto que la crisis económica estaba teniendo en las economías norteafricanas. En cuanto a la ciudadanía norteamericana, y como explica Chomsky en este artículo, podría sentirse incluso orgullosa de la labor sus diplomáticos, que no dejaban de denunciar a sus superiores el ambiente de corrupción que rodeaba las cortes árabes. Sin embargo, dejando de lado a quienes se horrorizan de la política exterior de su país, la mayor parte de los norteamericanos prefirió centrarse en el mensajero antes que en el mensaje, apoyando o denigrando a Assange por su acción, en un debate público sobre la libertad de expresión vs. el derecho a la confidencialidad del Estado. Debate que por supuesto también se dio en el resto del mundo, pero que analizaremos a la hora de responder a la segunda pregunta que al inicio nos planteábamos.

Por último, veamos si Wikileaks ha alterado sustancialmente la arena internacional. Es cierto que ha creado fricciones diplomáticas, como en el caso del cable que ponía en duda la salud mental de la presidenta argentina, pero nada más allá de eso. Como decíamos antes, más que revolucionar, los cables de Wikileaks confirman y completan el conocimiento que todo el mundo, y especialmente los servicios diplomáticos y de inteligencia, podían tener de las relaciones exteriores de EEUU.

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En segundo lugar, vamos a considerar el debate acerca de la conveniencia y/o legalidad de las filtraciones. A favor se han posicionado importantes personalidades tanto de izquierda como ultraliberales, partidarios todos de la libertad de expresión y de la necesidad de control ciudadano sobre los gobiernos. Las posiciones en contra varían en función de sus argumentos. En primer lugar están quienes consideran que las filtraciones suponen una amenaza a la seguridad nacional o a la de los soldados norteamericanos en el exterior. Los que insisten en este argumento parecen no haber visto el contenido de los cables ni la forma de publicarlos, ya que, como dijimos, no llegan a ser material clasificado como alto secreto –que sí podría afectar a la seguridad nacional- y además los medios encargados de difundirlos han solicitado al Departamento de Estado la supervisión de los contenidos para precisamente evitar tales amenazas.

Otro sector de los adversarios de Wikileaks considera que el proyecto resulta poco ético profesionalmente, ya que pone en peligro la carrera de algunos diplomáticos (alguno de hecho ha sido despedido) y no respeta la privacidad propia de las informaciones internas institucionales. En mi opinión se trata de un argumento bastante débil, ya que la privacidad profesional no puede sobreponerse a la necesidad de transparencia cuando entran en juego cuestiones tan importantes como las que se reflejan en algunas informaciones.

Tenemos, en fin, a los que consideran que la revelación de documentos diplomáticos puede crear fricciones entre Estados, defendiendo un supuesto “derecho a la intimidad” en la esfera internacional. Considero que, si bien es cierto que Wikileaks ha provocado, como antes comentábamos, algunas tensiones diplomáticas, ninguna de ellas ha sido demasiado grave. El problema reside en quienes defienden la intimidad del Estado más allá de la esfera diplomática, claramente en línea con la doctrina de la raison d’état. Hay que decir, aunque sea una verdad de Perogrullo, que en un Estado de Derecho nada puede quedar oculto al control de los ciudadanos, siempre que sea posible de forma directa y, en caso de cuestiones verdaderamente sensibles, a través de sus representantes; y que nada puede realizarse al margen de la legalidad, por alto que parezca el objetivo que se propongan con ello.

En cuanto a los posibles delitos cometidos por Assange como líder de Wikileaks, es obvio que, al no ser ciudadano americano, no puede ser juzgado por traición. Pero sí por espionaje o incluso terrorismo, como defienden algunos. Y en el caso de que animase a sus informadores a pasarle documentos, podría ser culpable de conspiración. No parece, en cualquier caso, que Assange vaya a ser extraditado a Estados Unidos.

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En último lugar, pero para mí en lo que resulta más interesante, podemos preguntarnos acerca de las motivaciones de Assange y su equipo. ¿Qué pretendían al llevar a cabo la mayor filtración de documentos clasificados de la Historia? De acuerdo con su página web, Wikileaks promueve la transparencia a fin de reducir la corrupción y reforzar la democracia. La publicación de documentos clasificados pretende acabar con el doble discurso y la manipulación mediática que llevan a cabo las instituciones. Ahora bien, esto se topa con dos contradicciones. La primera, muy destacada por los que se oponen al proyecto, consiste en que Assange promueve la transparencia en las instituciones cuando el propio Wikileaks funciona de forma bastante opaca –con el fin de proteger la identidad de los informadores, teóricamente. En cualquier caso, este argumento tiene mucho de falacia, en cuanto que lo que Assange reivindica es la transparencia de las instituciones públicas, no una transparencia total en la sociedad que viole el derecho a la intimidad de los individuos, como bien explica Evgeny Morozov en su artículo del Courier International.

La segunda contradicción, a mi modo de ver, es más profunda. Tiene que ver con la estrategia que ha seguido Wikileaks para dar a conocer al mundo sus revelaciones: el pacto con los grandes medios de comunicación globales. ¡Extraña manera de combatir la manipulación mediática el utilizar a publicaciones insertas en poderosos intereses mediáticos y financieros a nivel global! Por si fuera poco, los medios designados como intermediarios exclusivos han tenido el derecho de decidir qué cables no van a publicarse por ser demasiado sensibles, de tachar los nombres que consideren necesarios e incluso de volver a redactar el contenido de los cables, en ocasiones con la colaboración del propio Departamento de Estado.

Esto ha llevado a un sector de los comentaristas a reforzar la idea conspirativa de Wikileaks como proyecto de la CIA o alguna otra oscura agencia, que se basa también en la naturaleza del contenido de los cables: alertas sobre el programa nuclear iraní, ausencia de cables referidos a Israel, etc. Los conspirativos consideran que el contenido revelado beneficia a los intereses de EEUU y el Capital global. Pero podréis ver más sobre este tema en el artículo de Michel Chossudovsky para Global Research.

Por mi lado, creo –y espero no equivocarme- que Julian Assange no es un simple desinformador de la CIA. Al contrario, pienso que tiene una estrategia bien fundamentada y mucho más ambiciosa de lo que a primera vista parece. Me explico: el problema principal de quienes denuncian las manipulaciones y crímenes de gobiernos y corporaciones no es ya la simple censura “a la china”, sino especialmente la incapacidad de llegar a un público significativo por la completa indiferencia de los grandes medios, ya que el mercado de la información se ha convertido en un oligopolio con fuertes barreras para la entrada de medios alternativos. Ciertamente, si Assange no hubiera ofrecido a los grandes medios la exclusiva de sus publicaciones, el asunto no habría tenido la importancia suficiente como para que ahora estuviésemos nosotros estudiándolo en un máster. Su estrategia, pues, es doblemente dialéctica: dialéctica en el terreno lógico, al confrontar continuamente el funcionamiento real de las instituciones con los valores que dicen encarnar, a fin de desenmascarar la hipocresía. Y lo que es más importante, dialéctica en el sentido histórico, al conseguir maximizar las contradicciones en el interés inmediato entre diferentes grupos dominantes: ha conseguido confrontar a los grandes grupos mediáticos (cuya lógica es la búsqueda de beneficios a través de la venta de información) con los partidos políticos dominantes (que pretenden no perder votos en las próximas elecciones). Medios y Gobiernos tienen obviamente un objetivo común: el mantenimiento de las estructuras que reproducen su dominación. La naturaleza de los contenidos revelados, como decíamos, no parece que vaya a provocar una reacción ciudadana que ponga en peligro esas estructuras. Pero con este “caballo de Troya”, Assange ha dado un paso fundamental: alcanzar la fama en todo el mundo.

De este modo, las próximas revelaciones de Wikileaks –que según dicen, tendrán como víctimas a los grandes bancos- no podrán ser ignoradas por la opinión pública. Igualmente, como estamos viendo, los intentos de cerrar, limitar o condenar legalmente a Wikileaks por sus revelaciones generan una enorme respuesta popular, especialmente en la red, a través del movimiento Anonymous. El potencial emancipatorio de Wikileaks esta ahí, en lo que puede hacer a partir de ahora.

Y tal como advierten varios comentaristas, lo realmente importante de Wikileaks no ha sido tanto la información revelada como la reacción desproporcionada de gobiernos como el de Francia o EEUU, que se presentan normalmente como adalides de la democracia o la libertad de expresión. Si el goteo de informaciones continúa, puede forzar reacciones brutales en los estados democráticos, desenmascarando así la naturaleza autoritaria que en ellos subyace.

Queda una última motivación por comentar: la de los informadores de Wikileaks. Gente que arriesga su posición, su libertad e incluso su vida, como Bradley Manning, el joven analista de inteligencia que proporcionó a Assange el vídeo de un helicóptero masacrando a civiles en Irak y probablemente muchas otras informaciones. Y que ha sido condenado a 52 años de cárcel en Estados Unidos, donde se encuentra preso, incomunicado y sujeto a tratos degradantes, según su abogado. Creo que son precisamente estos últimos eslabones en la cadena de filtraciones quienes más respeto nos merecen, por poner el deber humano de luchar contra la injusticia por encima de cualquier otra consideración.