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Un punto de inflexión

El ejército estadounidense mata civiles en los conflictos en los que actúa y tortura prisioneros en cárceles propias en países ajenos. Los miembros de todas las diplomacias del mundo expresan en la intimidad opiniones que no hacen públicas, en términos mucho más crudos de los que jamás utilizarían de cara a la galería. El Departamento de Estado de Estados Unidos de América investiga a personalidades políticas de todo el mundo y utiliza a sus diplomáticos como espías. 76607 documentos sobre la Guerra de Afganistán, 390136 documentos sobre la Guerra de Irak y 251287 cables diplomáticos después, no sabemos nada que no supiéramos ya, o por lo menos sospechásemos.

Y sin embargo, WikiLeaks marca un punto de inflexión, no tanto por la naturaleza de las revelaciones que ha hecho, sino por la inmensa cantidad de documentos filtrados, que no tiene precedentes, por la fuente de la que proceden y, sobre todo, por la gran trascendencia mediática que han tenido. Así, el debate que ha generado WikiLeaks no es tanto en torno a los contenidos de los cables diplomáticos, sino al hecho mismo de las filtraciones, a la manera en al que se consiguieron y publicaron y a las personas involucradas en todo el proceso.

El medio es el mensaje

La afirmación de Marshall Mcluhan parece hecha a propósito para todo el asunto de WikiLeaks y los cables diplomáticos. No hay más que hacer un escanéo rápido a los medios de comunicación más importantes para darse cuenta de que, incluso en los cinco que tuvieron un acceso privilegiado a las filtraciones (The Guardian, The New York Times, Der Spliegel, Le Monde y EL PAÍS), las noticias, editoriales y estadísticas se refieren a la polémica creada sobre los secretos de estado y la seguridad nacional, a la persona de Julian Assange, o a la falta de seguridad de la red de comunicación de la diplomacia estadounidense al menos en la misma medida en al que hablan del contenido de dichos cables y las consecuencias directas de la información revelada.

Así, The New York Times por ejemplo resta importancia a las revelaciones de los cables diplomáticos, tildándolos de “buen cotilleo” que no causa daños reales a la diplomacia estadounidense en este artículo. The Guardian hace lo mismo en este otro, donde su autor ridiculiza la comparación entre la filtración de WikiLeaks y la de los Papeles del Pentágono de 1971, argumentando que la información que la página del señor Assange revela no tiene en absoluto la trascendencia política que tuvieron los documentos relativos a la intervención de Estados Unidos en la guerra de Vietnam. El propio Secretario de Defensa Robert Gates reconoce en una rueda de prensa que la situación es “embarazosa y extraña”, pero que las consecuencias para la política exterior estadounidense son bastante moderadas.

El debate

Pero si bien la relevancia de la información revelada puede ser cuestionada, no existe la menor duda de que la filtración de más de 250000 cables diplomáticos de la primera potencia del mundo generan polémica. Dejando de lado el hecho de que un simple soldado de 22 años pudiera descargarse tal cantidad de datos confidenciales del país que más dinero gasta en defensa del mundo (pero sin olvidar que Bradley Manning sigue en prisión en condiciones cuanto menos cuestionables y que se enfrenta a la posibilidad de pena de muerte por traición), o toda la polémica surgida en torno al creador de la página web, Julian Assagne, que se ha convertido en un personaje propio de novela de espías, el debate se ha centrado sobre todo en la legitimidad de la filtración por parte de WikiLeaks en nombre del derecho a la información y de la necesidad de transparencia de los gobiernos, enfrentada a la importancia del secreto de estado en materias tan delicadas como la negociación diplomática que afectan a la seguridad nacional.

Aceptando que ambas posturas son válidas y que lo ideal sería un balance entre las dos, la gran duda que se plantea es: ¿quién decide que debe y que no debe saber la opinión pública?¿hasta donde llega la necesidad de discreción y donde empieza la ocultación indiscriminada de datos por parte de un gobierno que prefiere que la población no conozca sus trapos sucios?

Y es que lo que WikiLeaks pone en peligro es la pervivencia de un modelo de gobierno que oculta de manera indiscriminada información sobre las acciones que lleva a cabo y que se contradicen con la retórica de transparencia, justicia y democracia que su gobierno promulga. Lo que pone nerviosa a la administración Obama y ha llevado a su Secretaria de Estado a declarar (contradiciendo a su propio Secretario de Defensa) que WikiLeaks ha puesto en peligro la seguridad nacional y que ha atacado a la comunidad internacional no es el hecho de que se conozca la opinión negativa de un diplomático a cerca de un determinado dirigente político o las presiones de unos u otros países respecto a diferentes temas, sino la posibilidad de que la opinión pública comience a demandar más transparencia, y por lo tanto más responsabilidad, en dichas actividades.


Marshall Mcluhan, Understanding Media: The Extensions of Man, Nueva York, Menton, 1964

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  1. Abril 10th, 2011 at 17:41 | #1

    Para la realización de este post he utilizado los medios de comunicación como fuente primaria, ya que mi objetivo era precisamente analizar el tratamiento que éstos han dado al tema de WikiLeaks.

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