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Cuando Wikileaks no se filtra en tu sofá

Para redactar este post me he valido de artículos de prensa de periódicos de tirada nacional e internacional, así como del material cedido por los coordinadores del módulo virtual.

Tras la revolución que esta filtración de secretos de estado ha suscitado, algunos auguran un antes y un después en las relaciones internacionales. Pero, ¿realmente la publicación de esta información afectará al modo de proceder de nuestros gobiernos? A lo largo de esta reflexión, me centraré en el punto que más curiosidad me provoca: el impacto que en las masas tienen los datos hechos públicos por Wikileaks.

En efecto, la publicación el pasado noviembre de la información contenida en los cables de Wikileaks ha suscitado gran controversia entre gobiernos y opinión pública. Los gobiernos han reaccionado mal, tachando al líder de esta wiki, Julian Assange, de traidor y llegando a acusarle de supuestos delitos sexuales. Está claro que desvelar información, hasta ahora, confidencial sobre negociaciones entre estados que, en muchos casos, dejan en evidencia las miserias de la diplomacia, no podía ser bien recibido. Por su parte, varios periódicos de renombre (Der Spiegel, El país, Le Monde, The Guardian y The New York Times) han colaborado con Wikileaks seleccionando y clasificando información que les parecía de interés para publicarla posteriormente. Sin embargo, la opinión pública se muestra dividida: unos se forjan una opinión a favor y otros en contra, basándose en la pertinencia o inutilidad de que los ciudadanos conozcan las negociaciones que llevan a cabo los estados. Así, unos sostienen que las decisiones que toman los estados nos afectan directamente y que, por tanto, deben ser transparentes. Otros estiman que dicha información no debe transcender puesto que los estados manejan tal cantidad de datos que los ciudadanos seríamos incapaces de hacer valoraciones con fundamento.

Sin embargo, en este post me ocuparé de ese otro sector de la población que no se posiciona ni a favor ni en contra porque desconocen este debate. Me refiero a aquellos que están inmersos en otros menesteres que, no sin razón, les impiden preocuparse por temas que, más allá de su sofá, se perciben como ajenos. Hablemos de aquellos que pasan su tiempo interesados por los asuntos que al sistema les conviene que ocupen sus mentes; aquellos a los que se les ha negado la capacidad de tener un pensamiento crítico de noticias que afectan a su existencia sin saberlo. Me parece acertado dedicarles una reflexión ya que creo que el grosso de la ciudadanía mundial ignora la controversia creada por Wikileaks.

Lo cierto es que todo apunta a que esta polémica pronto pasará al olvido y sólo habrá servido para correr una cortina de humo durante varios meses sobre otros temas cuya difusión perjudicaría a los que detentan el poder. Controlar la información para manipular la opinión pública es un método bien conocido en el que todo son ventajas para el que lo lidera. Y lanzar un tema calificándolo de novedoso y explotarlo hasta la saciedad es una buena estrategia. Quizás sea bueno gozar de unas relaciones internacionales más transparentes pero en el seno de sociedades principalmente instruidas desde el sofá, mayor información sobre diplomacia no se traducirá en contestación social, no tendría utilidad. Nadie se levantaría del sofá para rebelarse en contra del sistema porque este ha hecho que la política no sea la prioridad de la mayoría de la gente.

Con ello afirmo que, en una sociedad ideal donde primara el conocimiento, Wikileaks aspiraría a marcar un hito en la historia de las relaciones internacionales por la indignación que provocarían en los ciudadanos ciertas negociaciones. No obstante, en una sociedad víctima de un sistema que la lleva de la mano por el camino de la ignorancia, atribuirle importancia a la confirmación de la veracidad de esos “secretos de estado” que, en muchos casos, eran “secretos a voces” es demasiado ambicioso. ¿Qué ha desvelado Wikileaks? ¡Wikileaks prácticamente sólo ha confirmado! Y, para aquellos cuya ardua rutina no les permite pararse en estos asuntos, Wikileaks no supone ningún hallazgo digno de mención. Desgraciadamente, el abismo que dista entre las cuestiones que barajan la diplomacia y el ciudadano medio es tal que esas cuestiones carecen de relevancia en sus vidas. Más cercanos sentirá aquél los temas que se formulen frente a su sofá: de evasión, de sueños utópicos pero creíbles y fácilmente digeribles. Me refiero, por supuesto, a la influencia de aquel “miembro de la familia” que, ubicado generalmente frente al sofá, como digno anfitrión de todo hogar que se precie, hace las veces de maestro de la “fructífera” “escuela de la ignorancia” (Vidal, R., 2003).

Referencias:

Vidal, R. (2003). Identidad, poder y conocimiento en la «sociedad de la información». Introducción al estudio de la temporalidad como eje del análisis hermenéutico [Publicación electrónica]. Alicante, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Disponible en Internet (15-02-2004): htttp://www.cervantesvirtual.com/FichaObra.html?Ref=11545.

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